lunes, 7 de septiembre de 2015

EL CHICO MÁS FELIZ DEL MUNDO


Eran las 5 de la tarde cuando salimos camino al estadio. Sentía una extraña sensación de nervios mezclada con felicidad. Era la primera vez que estaría en Matute.

El partido lo comencé a vivir desde de la mañana del 26 de enero del 2011 cuando mi hermano me dijo: "Loquito, hoy vamos a Matute".

El intento de seguir ocultando mi emoción fue en vano, mis ojos se llenaron de lágrimas al ver ese templo lleno de camisetas blanquiazules. Era un mar blanco y azul. Los cánticos estaban un peldaño más arriba, todos éramos una sola voz intentando llegar a esos 11 guerreros que defenderían nuestra gloriosa camiseta. Todo el ambiente conspiraba para ser la mejor noche de mi vida. ¡La caldera era una fiesta!




El partido comenzó y me olvidé de todo lo demás, solo existía ese momento. Los nervios volvieron y la voz se me entrecortaba con cada canción entonada por las 4 tribunas. Era mi primera visita a la casa del amor de mi vida.

El partido transcurría y quizá ocurrió lo que no deseábamos: El equipo rival nos metió el primer gol. Fue el primer golpe que recibimos y sí que duele. El partido tuvo su segunda caía: El árbitro cobró un penal para el equipo contrario y… Sí, nos hicieron el segundo gol. Lo que vino después fue historia. El equipo seguía intentando darnos una alegría y retribuir el apoyo que nosotros brindamos los 90 minutos. Se intentaba dar golpes que hirieran al rival y nosotros tratábamos de ayudar con eso, nuestra presión era vital, pero no se pudo.

Sigo recordando con la misma intensidad el primer día que estuve en El Templo que, a pesar del resultado, seguirá siendo uno de los mejores momentos de mi vida. Seguiré diciendo que ese día fui EL CHICO MÁS FELIZ DEL MUNDO.

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