Llevamos casi 33 años sin estar en un Mundial y, para ser sinceros, necesitamos muchos huevos para llegar a eso. Hay gente (como la generación de los chibolos pulpines, donde también me incluyo) que no ha podido ver a nuestra selección en un Mundial, de no ser por los vídeos del recuerdo, que abundan en Internet. Con eso nos toca llenar las ganas de ver triunfar a nuestra selección hambrienta de logros y triunfos (términos algo desconocidos para la sociedad actual).
Nuestra realidad futbolística asusta. Deseamos no hacer drama de eso, pero nuestro país es, irónicamente, una nación amante del fútbol y sufre con cada fracaso del balompié nacional.
Nuestra realidad futbolística asusta. Deseamos no hacer drama de eso, pero nuestro país es, irónicamente, una nación amante del fútbol y sufre con cada fracaso del balompié nacional.
Pero otra vez estamos con la misma ilusión que nos caracteriza a los hinchas de corazón. Se le está dando una nueva oportunidad a un comando técnico (esperamos que este sí sea el correcto) para que nos devuelva esas alegrías que nos son esquivas cuando hablamos de una competencia mundial. Ricardo Gareca tiene la difícil tarea de hacer eso.
Para ser optimistas, parece que la responsabilidad la está asumiendo con perfil bajo. El Tigre está dando una nueva esperanza a este país, la que inició en la última Copa América: Nuestro equipo ocupó el tercer lugar, demostrando que puede lograr grandes cosas. Se demostró un buen juego y eso permitió que algunos de nuestros jugadores sean vistos y contratados por equipos de ligas más competitivas que la nuestra.
Estamos a puertas de comenzar una nueva etapa de clasificación (o eliminación , para las personas extremadamente negativas). Un nuevo intento, misterioso para mala suerte de los nosotros, los peruanos, para conseguir el tan anhelado sueño de ir a un mundial. Tenemos chispazos de iluminación y de buen fútbol, pero nos falta creernos eso: Creer que somos capaces de enfrentar de igual a igual a los "monstruos" que dominan nuestro fútbol sudamericano. Ha llegado la hora de cambiar las cosas.
¡SÍ SE PUEDE!

